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De origen humilde y poco conocido, su talento para la poesía atrajo al joven
Al-Mu'tamid, que se convirtió en su amante y amigo y lo nombró
visir de Sevilla tras la muerte de su padre,
Al-Mutadid. Abenamar tenía la reputación de ser invencible jugando al
ajedrez; según el historiador
Abdelwahid al-Marrakushi, su victoria en una partida convenció a
Alfonso VI de Castilla a abandonar Sevilla.
En Silves conoció al príncipe
Al-Mutamid y comenzó una estrecha relación sentimental. Tras acceder Al-Mutamid al trono de la
Taifa de Sevilla, Abenamar planeó la anexión de la
Taifa de Murcia al Reino sevillano y convenció al rey poeta para que lo nombrara gobernador. Conquistada a fines de
1079 con la ayuda del general del ejército Ibn Rašiq, se nombró a sí mismo rey y cortó relaciones con
Al-Mutamid.
Pero su poder duró poco, pues comenzó a utilizarlo para fines suntuosos
que le granjearon la desafección del pueblo murciano. Ibn Rašiq lideró
la oposición a Abenamar, que se vio impelido a abandonar la ciudad y
buscar refugio en la
Taifa de Toledo, donde se entrevistó con
Alfonso VI e incitó a la población a sublevarse contra
Al-Qadir (mayo de 1080), quien tuvo que refugiarse en
Cuenca. Pero finalmente, las intrigas políticas toledanas se volvieron en su contra y Abenamar tuvo que huir en mayo de
1082 a
Madrid, que por entonces era poco más que un
alcázar.
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A comienzos del verano de 1082 Abenamar recala en la corte de la
Taifa de Zaragoza de
Al-Mutamán, donde permaneció hasta
1084. El monarca zaragozano le recibió con grandes honores, le proporcionó una buena vivienda y sueldo, y posiblemente le nombró
visir.
Allí se dio una vida regalada, y era criticado entre la población
saraqustí por su afición al vino, de la que él se defendió en un poema.
Además, ayudó a Al-Mutamán a someter a un alcaide rebelde, lo que
consiguió haciendo que lo matasen, y fue premiado por el monarca
zaragozano con el disfrute de esa fortaleza.
1
Desde aquel lugar de la corte de Zaragoza
1 envió a su amigo, el rey de Sevilla Al-Mutamid, una
elegía por la que solicitaba el perdón. La
casida evocaba el estilo de Ibn Zaydun, pero adoptaba un estilo más solemne y nostálgico, recordando los días felices de Silves:
¿Acaso Silves no ha llorado por el que sufre
y Sevilla no ha suspirado por un arrepentido?
La lluvia cubrió el manto de nuestra juventud
en un país donde los jóvenes rompían los amuletos de la infancia.
Al recordar el tiempo de mi juventud, es como si se encendiese
el fuego del amor en el pecho.
Aquellas noches en que no hacía caso de la sensatez del consejo
y seguía los errores de los alocados;
condené al insomnio a los párpados somnolientos
y recogí el tormento de las tiernas ramas.
¡Cuántas noches pasamos en el Azud, entre los meandros del río,
que se deslizaba con la sinuosidad de una serpiente!
Escogimos el jardín como vecino y nos visitaba con sus regalos
que traían las manos de las suaves brisas;
nos enviaba su aliento y se lo devolvíamos aún más perfumado,
y con más suave brisa;
la brisa, en su ir y venir, parecía una chismosa,
que llevase y trajese maledicencia;
el sol nos daba de beber.
¿Quién ha visto el sol en mitad de la negra noche, sino nosotros?
Al-Mutamid se inclinó inicialmente por el perdón, pero más adelante
se indignó tras leer una carta interceptada que Abenamar había enviado
desde su celda, y lo mató con sus propias manos.
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Ibn Ammar destacó sobre todo en el cultivo de la gacela o
gazal homoerótico.
Su poesía supone una de las cimas del cultivo de la poesía amorosa en
Al-Ándalus, en la que Abenamar es uno de sus representantes más
destacados, pues se dedicó a la lírica culta amorosa árabe por pasión, y
no por oficio como era común entre los poetas cortesanos andalusíes.
Referencias
Bibliografía
- HITTI, Philip K., History of the Arabs: From the Earliest Times to the Present, Londres, Macmillan, 1956.
- RUBIERA MATA, María Jesús, Literatura hispanoárabe, Madrid, Mapfre, 1992. Edición digital Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001. Véase el capítulo «Sevilla», con información y poemas de Abenámar.
- SORDO, Enrique, Moorish Spain: Cordoba, Seville, Granada., Londres, Elek Books, 1963.
- TURK, Afif, El Reino de Zaragoza en el siglo XI de Cristo (V de la Hégira), Madrid, Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1978, págs. 132-137. ISBN 978-84-600-1064-7
- WATT, W. Montgomery, Historia de la España Islámica, Edimburgo, Edinburgh University Press, 1965. Ed. een español en Alianza Editorial, 1988. ISBN 84-206-1244-8